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TESTAMENTO DE MARCELINO CHAMPAGNAT

 

 

 

 

H. Seán D. SAMMON
Vicario General del Instituto marista

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cap_e_roja.gif (1247 bytes)l testamento espiritual de Marcelino, no escrito de su puño y letra, pero que expresa los sentimientos de su corazón, desarrolla con más detalle la espiritualidad de sus seguidores: "Sed fieles -les decía- en el ejercicio de la presencia de Dios, alma de la oración y de todas las virtudes. Constituid siempre el espíritu de pobreza y desprendimiento. Tened una filial devoción a María, hacedla amar por doquiera en cuanto sea posible. Amad y sed fieles a vuestra vocación, perseverad en ella valientemente."
La espiritualidad de Marcelino no nace en un monasterio. Es una espiritualidad que tiene sus raíces en la plaza del mercado. No hubo nada mezquino en el Fundador de los Hermanos Maristas: se tomó seriamente el Evangelio. No sorprende, por tanto, que la obediencia y el amor sean las dos virtudes que recomendó a sus primeros discípulos: son la base de la comunidad. La obediencia es su fundamento y el amor enlaza todas las virtudes y las perfecciona. El amor no debiera tener límites. Marcelino amaba a sus hermanos y esperaba que también ellos se amaran como hermanos.
p7_n51_destac_p5.gif (10350 bytes)Tan sólo tenía 28 años cuando invitó a sus primeros neófitos a unirse a él. Dio a sus Hermanitos una misión muy clara: "Proclamad el Evangelio directamente a los jóvenes, haced que Jesús sea conocido y amado por ellos, especialmente por los más necesitados." Estaba convencido de que para educar a un niño, primero hay que amarlo. Ésta era la regla de oro de su proyecto educativo. Marcelino quería a los jóvenes y ellos se contagiaron de su energía y entusiasmo. ¿Qué factores alimentaron su pasión por la vida y moldearon su espiritualidad? La conciencia de la presencia de Dios, su confianza inquebrantable en la protección de María y el cultivo de las virtudes de sencillez y humildad.
Para él, la virtud de la caridad tiene que ser no solamente el fundamento de la vida de comunidad, sino también el método distintivo de la evangelización y educación maristas. Fue el método de María con Jesús. Ahora tendrá que ser el método de todos los que siguen el sueño que tanto cautivó el corazón de este cura rural y de sus primeros hermanos.
Marcelino Champagnat nació en mayo de 1789, en un mundo que empezaba a convulsionarse con cambios revolucionarios. El que dejó cincuenta años después había visto la paz y la guerra, la prosperidad y los apuros, la muerte de una Iglesia y el nacimiento de otra. Fue hombre de su tiempo, llevó consigo toda la grandeza y las limitaciones de su pueblo. El sufrimiento le templó, los contratiempos le fortalecieron, la determinación le impulsó, y la gracia le ayudó a ir más allá de sus circunstancias.
Marcelino Champagnat fue también apóstol de la juventud y ejemplo de cristianismo muy práctico. Fue innovador y santo para su tiempo y lo es también para nuestro tiempo.

 

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